AMERICA (Por Simeoni y Marquinez)
Un muñeco modelado en arcilla
con la figura de un conquistador
adorna el trasto,
una flecha clavada en la nuca
del viejo cacique
respira condenas.
Una danza suplicando por lluvia
tras la sombra de un chamán
traza un infierno,
el suelo regado por la sangre
de una espada
sólo trae sequía.
Fragmento de "COLUMBUS", por AMBROSE BIERCE, 1892, en el aniversario 400º del “redescubrimiento de América”.
La mente humana está provista de una inhabilidad singular para comprender el sentido de un hecho histórico sin una figura histórica en primer término sobresaliendo entre todos sus iguales. Si cien idiotas congénitos fueran puestos a la deriva de un lanchón para librarnos de ellos y conducidos por corrientes favorables avistaran un continente desconocido y gritaran al unísono ¡TIERRA!, ahogándose instantáneamente en su propia baba veríamos figurar a uno de ellos en la historia para siempre, con la gloria de un ilustre descubridor de su tiempo. Colón no era un hombre instruido, sino un ignorante. No era un hombre honorable sino un pirata profesional. Era, en el más detestable sentido de la palabra, un aventurero. Emprendió su viaje teniendo en cuenta su propio beneficio, la gratificación de una increíble avaricia. Por codiciar el oro cometió actos de crueldad, perfidia y opresión para los cuales no se encuentran nombres adecuados en el vocabulario de ninguna lengua. Para los pueblos inofensivos y hospitalarios a los cuales llegó fue un terror y una maldición. Los torturó, los asesinó, los echó a los mares como esclavos. Se nos dice que Colón no era peor que los hombres de su raza y generación, que sus vicios eran los de su tiempo. Ningún vicio es característico de ningún tiempo, decir de un hombre que es como sus contemporáneos es decir que es un sinvergüenza sin excusas. Atenas era viciosa sin embargo Sócrates fue virtuoso, Roma era corrupta, pero Marco Aurelio no lo era…
En comparación con los crímenes de Colón, sus estupideces ofrecen una penosa figura. Sin embargo, la temeraria empresa a cuyo fracaso debe su fama, debe ser distinguida. Pensó que podría llegar a la india navegando hacia el oeste y murió con la ilusión de que lo había hecho: un insignificante error de cálculo, una cuestión de 8 ó 10.000 millas.
También queda la insultante falsedad de que Colón descubrió América Seguramente en todas esas alcohólicas orgías de beatificación, en todo este carnaval de mentiras, debiera encontrarse algún pequeño sitio para Leif Ericson y sus rectas huestes del norte, que descubrieron, colonizaron y abandonaron este continente 500 años antes y a quienes se nos prohíbe pensar como corsarios y traficantes de esclavos…
Nuestras estupideces nos están descubriendo. Una falsedad engendra otra y otra en una línea de sucesión, hasta que el padre de todas ellas haya colonizado su progenie entera sobre la mancha análoga de este nuevo continente negro. Audibles para los oídos de aquellos que comprenden caen con iteración incesante de los labios de cada una de las estatuas de Cristóbal Colón, en cada naciòn las palabras: “soy un mentiroso”.
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Y América descubrió a Colón. El paraíso abrió sus puertas a la culebra y le dio cobijo.